miércoles, 20 de septiembre de 2017

BOLAS (Nueva versión ampliada 2017)



BOLAS
Luis Fernando de Julián



Personajes
DANIELA
ABRIL


En escena dos niñas tumbadas en una piscina de bolas de un parque de ocio infantil. Las niñas, Daniela y Abril, tienen 12 y 10 años respectivamente pero serán interpretadas por mujeres adultas.

DANIELA
¿Cómo te llamas?

ABRIL
Abril.

DANIELA
Yo, Daniela.

            Silencio.

ABRIL
¿Cuántos años tienes?

DANIELA
Doce. ¿Y tú?

ABRIL
 Diez y medio.

            Silencio.

DANIELA
¿A qué hora has entrado?

ABRIL
A las siete. Creo que dentro de cinco minutos me voy...

DANIELA
 De eso hace dos horas. No te había visto...

ABRIL
He estado en las camas elásticas y luego en los cañones disparadores.

DANIELA
Yo llevo aquí desde las cinco.

ABRIL
No te había visto.

DANIELA
Eso es porque tengo el poder de convertirme en bola y entre todas estas nadie puede reconocerme.

            Silencio.

ABRIL
Creo que dentro de cinco minutos me voy...

DANIELA
¿Alguna vez te has quedado mirándoles? ¿Has observado lo que hacen al otro lado del cristal? Yo lo he hecho muchas veces. Se conoce mejor a los adultos mirándoles, escuchándoles no se llega a lo que esconden en su interior.

ABRIL
Mis padres son aquellos. (Levanta la mano y saluda para que la vean al otro lado del cristal.)

DANIELA
Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once, doce, trece, catorce, quince, dieciséis, diecisiete, dieciocho, diecinueve, veinte, veintiuno, veintidós, veintitrés, veinticuatro, veinticinco, veintiséis, veintisiete, veintiocho, veintinueve, treinta, treinta y uno, treinta y dos... Amiga, con más de treinta segundos de demora en la respuesta empiezas a tener oportunidades de adquirir el poder de convertirte en bola.

ABRIL
Es que no me ven...

DANIELA
Es que no te miran, que es distinto. ¿Recuerdas la primera vez que te llevaron a un parque de bolas? Se quedaban pegados al otro lado del cristal, con cara de asustados como si fuesen un conejito en manos de un científico. Desde allí te seguían con la mirada y te hacían todo tipo de gestos y vocalizaciones forzadas para que el mensaje atravesase el cristal y llegase hasta ti. Pobrecitos... con todos sus miedos, inseguridades e impotencias aplastadas contra el cristal... como mosquitos contra el parabrisas... Luego el egoísmo lo limpia todo y el cristal queda transparente e inmaculado para otros primerizos.

            Abril deja de saludar al aire.

ABRIL
Creo que dentro de cinco minutos me voy...

DANIELA
(Coge una bola y la observa y mueve entre sus manos.) El sábado pasado estuve aquí desde las cinco de la tarde hasta las doce de la noche. Ni siquiera se acordaron de preguntarme si quería comer algo... Tampoco me importó, porque las bolas no comen. Son esferas de plástico rellenas de aire. Huecas. Aparentemente llenas pero vacías...

ABRIL
Yo he merendado en casa.

DANIELA
En casa, antes de venir aquí....

            Silencio.

DANIELA
¿Sabes lo que es follar?

ABRIL
¡Claro!

DANIELA
Pues de eso se trata.

ABRIL
¿Qué quieres decir?

DANIELA
Tienes que observarlos, así se les conoce. Los adultos se han juntado en pareja y han acordado mutuamente tener el sexo del otro en propiedad, en exclusiva propiedad y disfrute para ellos, pero en realidad están deseando poner su propio sexo al alcance de quienes les rodean. Míralos. Observa las sonrisas, las miradas, su postura corporal, el constante juego de peinarse, el contacto aparentemente sin intención... En el fondo se mueren por follar todos con todos. Solo la fantasía o posibilidad remota de que eso pudiese suceder les tiene tan concentrados que lo que pase a este lado del cristal se escapa a su percepción. Están inmersos en una ceremonia de seducción en la que la hora del reloj marca el fin. Es como el cuento de la Cenicienta, la hora marca el final. Es una lucha contra el tiempo. Cuantas más horas pasemos nosotras aquí, más pueden disfrutar de su ceremonia de fantasía sexual. Tic-tac, tic-tac, tic-tac…  Yo no pienso follar con nadie.

ABRIL
Yo tampoco.

Silencio.

ABRIL
Creo que ya me voy. (Abril levanta la mano y saluda más insistentemente.)

DANIELA
No has entendido nada de lo que te he dicho.

ABRIL
 (Baja la mano enfadada.) Mis padres no están aquí por eso. Me traen porque siempre me han traído, desde que tenía cinco años. Me traen porque me gusta y me lo paso muy bien. Juego, me divierto y hago amigos.



DANIELA
¿Has hecho muchos amigos?  ¿Con cuántos has jugado fuera de aquí? ¿De cuántos de ellos recuerdas su nombre? ¿Cuántos recuerdan el tuyo? (Pausa.) ¿Cómo me llamo?

            Silencio.

DANIELA
Me llamo Daniela.

ABRIL
¡Sí que lo sabía!

DANIELA
¿Y por qué no lo has dicho?

ABRIL
Porque…

            Silencio.

ABRIL
¿Tú eres mi amiga?

DANIELA
Mira todas estas bolas. Son todas iguales y están todas juntas. Tienen que ser amigas, ¿no crees?

            Silencio, Abril coge una bola y la observa absorta.

ABRIL
Mis padres me quieren mucho. Este año me han regalado un móvil por mi cumpleaños.

DANIELA
Los padres nos regalan un móvil cuando ya están cansados de tener que borrar del suyo las cosas que no quieren que veamos. A los cuatro o cinco años te dejan jugar con su móvil porque les hace gracia y es una forma de tenernos entretenidas. Borran cosas y lo dejan en tus manos. Luego llega un momento en el que se cansan de no poder tener secretos archivados y entonces te compran uno para ti sola. (Pausa.) No se dan cuenta de que ahora eres tú la que puede tener secretos.

ABRIL
¡¿Tienes secretos en tu móvil?!

DANIELA
Tengo cuatrocientos veintisiete seguidores.

ABRIL
¡¿?!

DANIELA
(Saca su móvil.) Chupa esa bola.

ABRIL
¿Qué?

DANIELA
Hazme caso, chúpala como si fuese un helado.

ABRIL
¿Así?

DANIELA
Perfecto. (Toma una foto con el móvil.) Ahora empieza a contar.

ABRIL
¿A contar? ¿Para qué?

DANIELA
Tú cuenta.

ABRIL
Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once, doce, trece, catorce, quince, dieciséis, diecisiete, dieciocho, diecinueve, veinte, veintiuno, veintidós, veintitrés, veinticuatro, veinticinco, veintiséis, veintisiete, veintiocho...

DANIELA
¡Para! ¡Ya tienes un corazón!

ABRIL
¡A ver!

DANIELA
Si en menos de treinta segundos tienes un corazón la cosa promete... ¡Es divertido!

            Silencio, las dos miran el móvil entretenidas.

DANIELA
(Levanta la mirada.) Mira. Tu madre se ha levantado, creo que ya te vas.

            Las dos siguen con la mirada los movimientos de la madre al otro lado del cristal.

ABRIL
No, sólo va al servicio.

DANIELA
¡Otro corazón!

ABRIL
¡A ver!

            Silencio.

ABRIL
¿Me haces otra foto?

DANIELA
Vale. Toma, ponte las bolas como si tuvieses tetas. Esa foto siempre triunfa.

ABRIL
¡Vale!

            Abril pone la pose y Daniela le hace la foto.

DANIELA
Mira.

            Abril se acerca para ver la foto.

ABRIL
¡Súper!

            Ambas se quedan mirando la pantalla del móvil. Daniela besa a Abril.

ABRIL
¡¿Qué haces?!

DANIELA
Te doy algo interesante para contar en el futuro.

ABRIL
¡¿Qué?!

DANIELA
Míralos (señalando a los adultos. Guarda el móvil). La mitad de las cosas que se cuentan se las han inventado y la otra mitad no tiene ningún interés.

ABRIL
¿Por qué lo has hecho?

DANIELA
Porque me gustas. ¿Te incomoda que te diga que me gustas?

ABRIL
Sí. ¡Digo no! No sé…

DANIELA
Si quieres puedo besarte otra vez.

ABRIL
¡No!


DANIELA
Vale.

            Silencio incómodo.

DANIELA
Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once, doce, trece, catorce, quince, dieciséis, diecisiete, dieciocho, diecinueve, veinte, veintiuno, veintidós, veintitrés, veinticuatro, veinticinco, veintiséis, veintisiete, veintiocho, veintinueve, treinta, treinta y uno… Más de treinta segundos en silencio… son un silencio incómodo.

Silencio.
Daniela se pone en cuclillas y empieza a dar ridículos saltitos.

ABRIL
¿Qué haces ahora?

DANIELA
Intento tirarme un pedo.

ABRIL
¿Eh?

DANIELA
Mi padre lo hace cuando hay un silencio incómodo en casa. Entonces mi madre cambia su cara de enfado por una de profundo asco. Yo me rio. Me rio tanto que acabo contagiándole mi risa a mi madre. Entonces ella no puede aguantar más y acaba esbozando una sonrisa mientras improvisa algo que hacer y le permita darse la vuelta para que no la veamos. A mi padre le funciona. Mierda, creo que no he bebido suficiente cocacola…

ABRIL
Déjalo, no hace falta.

            Daniela deja de dar saltitos en cuclillas.

DANIELA
Sabes, creo que eso del pedo es  lo más cercano a un momento familiar que tengo…

Silencio triste en el que la mirada de Daniela se queda colgada. Abril coge una bola y se la tira a Daniela, golpeándole en la cara.

DANIELA
¡¿Qué haces?!

ABRIL
Mi padre coge alguna prenda del tenderete… Un calcetín, unas bragas, unos calzoncillos… y se los tira a mi madre cuando se ha quedado con la mirada perdida. Ella siempre dice, ¿estás tonto?, y él responde, ¡mamá entra de nuevo en el partido! A mi padre le funciona…

DANIELA
¿Alguna vez te has preguntado si con nosotras hacen lo mismo?

ABRIL
No te entiendo.

DANIELA
Yo me pregunto si saben lo que funciona con nosotras.

ABRIL
Ah.

DANIELA
Claro que lo saben. Lo que no me explico es por qué no se dan cuenta cuando deja de funcionar. Es curioso, ¿no?

            Abril coge otra bola y se la tira a Daniela golpeándola en la cara.

DANIELA
¡¿Pero qué haces?!


ABRIL
Estabas empezando a hablar como cuando ellos quieren hacerse los interesantes…

DANIELA
¡No!

ABRIL
Sí.

DANIELA
(Muy preocupada.) ¡¡No!!

ABRIL
Eh… Sí.

DANIELA
Mierda. Sí. ¡Sí!

ABRIL
Ahora estás montando un melodrama por una chorrada, como también hacen ellos.

DANIELA
¡Nooooooo!

ABRIL
Sí.

DANIELA
¡Va a ser que estoy creciendo! ¡Me estoy convirtiendo en una adulta! (Se agarra el pecho fuertemente con las dos manos). ¡Me están creciendo las tetas! ¡Puedo notarlo! ¡Mira, tócalas!

ABRIL
¡No!

DANIELA
Y este picor… (Abre la goma de sus bragas y mira en el interior). ¡¡Ahhhhh!! (Las suelta rápido).

ABRIL
Ahora… Ahora no sé qué haces pero empiezas a dar miedo.

DANIELA
(Abandonando el melodrama y volviendo a ser la Daniela de siempre). ¿Sabes por qué nos traen aquí?

ABRIL
Ya te lo he dicho antes. Me traen porque me gusta y me lo paso muy bien.

DANIELA
¡Eeeeeeeeeeeeeeeeng! ¡Respuesta equivocada!

ABRIL
¿Respuesta equivocada?

DANIELA
Es imposible que nos siga gustando esto con la edad que tenemos. Tal vez un día, un cumpleaños de un primo más pequeño que nosotras… ¿Pero todos los fines de semana?

ABRIL
¿Entonces por qué nos traen?

DANIELA
Porque así nos tienen a salvo.

ABRIL
¿A salvo? ¿De qué?

DANIELA
De que un niño se acerque y nos hagamos novios. De que nos dé un beso. ¡De que nos toque el culo!

ABRIL
¡Anda ya!

DANIELA
¿Cuántos chicos de nuestra edad ves aquí? Ninguno. Están todos jugando en la calle o haciendo lo que tengan que hacer… De nuestra edad todo somos chicas ¿Qué pasa con nosotras? Pasa que nosotras estamos aquí encerradas, a salvo de que los niños nos toquen el culo o cualquier otra perversión que pase por la cabeza de nuestros padres. Nos tienen encerradas en una jaula, con barrotes de colorines y textura de goma eva, pero una jaula. Camas elásticas, disparadores, disfraces, toboganes, un tocador, una pasarela, bolas, más bolas, millones de bolas… Una jaula equipada con todo aquello que nos haga creer que la felicidad está aquí dentro y no ahí fuera.

            Silencio.

ABRIL
¡Yo no quiero que un chico me toque el culo!

DANIELA
Tienes razón, querida. Yo tampoco lo necesito. Mejor solas. A mi me basta con sumergirme en la piscina de bolas y dejar que cubran todo mi cuerpo y mis manos para que nadie pueda ver lo que hago. Y tú, ¿cómo lo haces?

ABRIL
(Silencio).

DANIELA
Abril, ¿cómo lo haces?

            Abril se aparta a un lado avergonzada y no contesta.

DANIELA
¿Abril?

ABRIL
(Silencio).

Pausa previa.
Daniela coge un montón de bolas y se las empieza a tirar a Daniela como si fuese una ametralladora.

ABRIL
¡¿Qué haces?!

DANIELA
Es por si no funcionaba con solo una bola.
           
            Silencio.

DANIELA
¿Quieres que me tire un pedo?

ABRIL
(Silencio).

DANIELA
¿Te ha molestado que te contase lo que hago…?

ABRIL
No.

            Silencio.

DANIELA
¿Entonces?

ABRIL
Deja que te haga una pregunta.

DANIELA
Dispara.

ABRIL
¿Cómo puedes…?

            Silencio.

DANIELA
Cómo puedo, ¿qué?


ABRIL
¿Cómo puedes aguantar aquí sabiendo todo lo que sabes?

DANIELA
Ah, eso.

ABRIL
Sí, eso. ¿Cómo puedes aguantar sabiendo que no estamos aquí porque nos gusta? ¿Cómo puedes aguantar sabiendo que todos ellos son unos egoístas? ¿Cómo puedes aguantar sabiendo que el tiempo que estamos aquí no somos más que unas niñas ignoradas? ¿Cómo? Dímelo.

DANIELA
Porque tengo el poder de convertirme en bola. ¿No te lo había dicho?

Silencio.

ABRIL
¿Crees que nosotras haremos lo mismo?

DANIELA
¿Eh?

ABRIL
Cuando seamos mayores. Cuando nos convirtamos en madres, en esposas. ¿Haremos lo mismo con nuestros hijos? ¿Los traeremos aquí para desahogarnos de su presencia? ¿Para olvidarnos de ellos durante unas horas? ¿Para poder decir estupideces y fantasear con encuentros furtivos? Nosotras. Nosotras y todos estos niños y niñas. ¿Haremos lo mismo cuando seamos adultos?

DANIELA
Me temo que sí.

ABRIL
(Preocupada). ¿Sí?

DANIELA
Estamos diseñados a partir de la herencia genética de nuestros padres y eso incluye heredar sus errores y repetirlos. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once, doce, trece, catorce, quince, dieciséis, diecisiete, dieciocho, diecinueve, veinte, veintiuno, veintidós, veintitrés, veinticuatro, veinticinco, veintiséis, veintisiete, veintiocho, veintinueve, treinta… Cuanto más tiempo pasa más nos parecemos a ellos.

            Silencio.

ABRIL
Hagamos un juramento.

DANIELA
¿Qué juramento? ¿Uno de amor platónico?

ABRIL
No.

DANIELA
Tenía que intentarlo…

ABRIL
Hagamos un juramento de futuro. Uno que no olvidemos nunca.

DANIELA
¿Cuál?

ABRIL
Juremos, aquí y ahora, que no heredaremos los errores de nuestros padres y mucho menos los repetiremos. Juremos que jamás y digo jamás, traeremos a nuestros hijos a un sitio como este.

DANIELA
En caso de que tengamos hijos…

ABRIL
Ni a hijos, ni sobrinos, ni ningún otro niño que entre en nuestras vidas cuando seamos adultas.

DANIELA
Con esa clausula no me libro, fijo.

ABRIL
Juremos que si en el futuro nos volvemos a encontrar en una piscina de bolas, será porque estemos recordando el día que nos conocimos y burlándonos de todo. ¿Está de acuerdo?

DANIELA
Espera.

            Daniela coge dos bolas como si fuesen copas.

DANIELA
(Ofreciéndole una bola a Abril). Sellemos nuestro juramento con un brindis.

            Abril coge una de las bolas.

ABRIL
¡Por nuestro juramento!

DANIELA
¡Por nuestro futuro fuera de aquí!

ABRIL
¿Lo juras?

DANIELA
¡Lo juro!

ABRIL
¡Y yo!

            Las dos fingen beber. Daniela recoge las bolas y las tira de vuelta a la piscina.

DANIELA
Adiós.

ABRIL
¿Adiós?

DANIELA
Llevas demasiado tiempo ahí quieta, de pie.

ABRIL
¿Y?

DANIELA
Si te quieren de verdad seguirá funcionando... Treinta, veintinueve, veintiocho, veintisiete, veintiséis…

ABRIL
¿Por qué cuentas hacia atrás?

DANIELA
Mira. Tus padres se están acercando a la puerta, van a recogerte.

            Abril mira y guarda un breve silencio.

ABRIL
Tengo que irme.

DANIELA
Ahora es cuando te acercas y me besas. Para despedirte… Es lo que pasa en las películas.

ABRIL
Sólo en las películas…

DANIELA
Qué asco de cine que nos motiva a generar expectativas de finales redondos en la vida real.

ABRIL
Tal vez otro día…

            Desconcertado silencio.

ABRIL
Me voy ya.

DANIELA
Adiós.

            Abril empieza a salir.

DANIELA
¡Oye!

ABRIL
¿Sí?

DANIELA
¿Aún recuerdas cómo me llamo?

ABRIL
Claro. Daniela. Y tú, ¿recordarás que tenemos un juramento?

DANIELA
Claro. De futuro…

Abril sonríe y sale. Daniela la sigue con su mirada hasta que desaparece. Unos segundos desorientados, en los que Daniela piensa qué hacer, mientras pierde su mirada entre las bolas. Finalmente coge dos bolas y se las coloca en los ojos, convirtiéndolos en esféricos y saltones. Pone voz de megafonía.

DANIELA
Ding-dong-ding. Familiares de Daniela: Les informamos que la niña se está convirtiendo en bola. Otra vez. No se preocupen, nuestras eficientes monitoras tienen la situación controlada. Sigan disfrutando de nuestra amplia carta de ging-tonics. Gracias por confiar en nosotros para disfrutar en familia. Beeeeeeeeeepp.

Daniela se hunde, lentamente,  en un micro-océano de bolas ignoradas mientras el oscuro se hace sobre ella.

DANIELA

Glup, glup, glup, glup… 

          Oscuro final.

miércoles, 9 de agosto de 2017

Taller de Dramaturgia "Germinar desde la tormenta"

Del 6 al 9 de septiembre se celebra en Cuenca las I Jornadas de Formación escénica Cuenca a escena.
Es un orgullo participar en ellas como docente del taller de dramaturgia "Germinar desde la Tormenta". Este taller tendrá una duración de 12 horas y en él, además de exponer los esquemas que utilizo en mis textos, nos centraremos en germinar un texto teatral breve. Os animo a participar.


lunes, 12 de junio de 2017

Estreno de Extremófilos

"Extremófilos" el sábado 17 a las 20:00 y domingo 18 a las 19:00 en la sala Nave 73 dentro del ciclo Iguales.

Este texto fue galardonado con el XVIII Premio Internacional de Teatro de Autor Domingo Pérez Minik (2015) y en él podréis descubrir a los extremófilos, microorganismos que viven en condiciones extremas, al igual que los personajes de esta obra.

Gloria, lucha por conquistar un cambio de género a la vez que intenta construir una relación con Oriol.

La obra atraviesa la identidad, el sexo, las relaciones en bucle, los roles tóxicos y una lista de peculiaridades humanas que guardan relación con los distintos tipos de extremófilos que existen.



martes, 16 de mayo de 2017

Presentación de Espinas

El próximo jueves 25 de mayo, presento "Espinas (Teatro breve para jóvenes despiertos)" en la librería Carmen. El libro incluye once piezas breves de teatro para jóvenes y tres más para una edad "de transición". Estáis invitados.


sábado, 25 de marzo de 2017

BILLETES Y GUSANOS

Os presento el cartel de la tercera remesa del proyecto Leeeneltrén, en el que he participado con un breve texto teatral y que ha sido ilustrado por Loida Cano. Lo encontraréis en todos los trenes del tranvía de Parla durante unos cuantos meses.

jueves, 2 de febrero de 2017

EL TAMAÑO NO IMPORTA VII

Ya está disponible el volumen VII de EL TAMAÑO NO IMPORTA; teatro breve dirigido a jóvenes. En esta ocasión he participado con mi texto "Ese sonido", enmarcado en la realidad del bullying escolar entre los adolescentes.
Puede encontrarse en librerías especializadas o a través de la Asociación de Autores de Teatro.


domingo, 22 de enero de 2017

Extremófilos (fragmento)


ESCENA III.
VÓRTICE ESPACIAL SOBRE LA CAMA.

Desnudos y agotados sobre la cama de ella. Las cabezas junto a los pies del otro.

ELLA- Tengo sed. Siempre tengo sed después de hacerlo. Me gustaría poder levantarme y traer una botella de agua, pero siempre me enredo con tu cuerpo y me quedo un poco más. Me gusta sentirte. Me gusta hablarle a tus pies como si fuesen tus oídos. He perdido la noción del tiempo. No sé cuánto tiempo llevamos aquí. (Pausa.) Los Xerófilos pueden vivir con muy poca agua o incluso en ausencia de ella. Creo que podría estar aquí durante un tiempo infinito y no beber. Creo que podría convertirme en una xerófila que no quiere levantarse a beber por no despegarse de ti.

            Cambian la posición y se ponen al contrario.


ÉL- (Visiblemente cansado) Tengo hambre. Siempre tengo hambre después de hacerlo. Pienso en levantarme y traer algo de comer, pero entonces veo tu cuerpo desnudo y me quedo. Me gusta mirarte sin que me mires directamente a los ojos. (Pausa.) Los Oligotróficos pueden vivir y desarrollarse con muy pocos nutrientes o en ausencia de ellos. Curioso, ¿no? He perdido la noción del tiempo. No sé calcular cuánto llevamos aquí. Pierdo la noción del tiempo pero no pierdo el hambre. Aunque ya no es hambre de alimentos sino gula de tu cuerpo. Podría estar aquí y devorarte una y otra vez. Podría convertirme en un oligotrófico que no necesita una nevera llena, sólo una cama contigo.

Puedes leer la obra completa en el siguiente enlace. Premios culturales 2015. Página 240 y siguientes. http://www.ull.es/Private/folder/institucional/ull/extension/premios/libroliterario.pdf

martes, 3 de enero de 2017

De nuevo en Atenas

El próximo sábado se representarán, de nuevo en Atenas, dos de mis obras: "A fos metros" y "Todas se llaman Mónica" (Premio Villa de Hecho 2016). También se representarán "La niña tumbada" de Antonia Bueno y "La persistencia de la imagen" de Raúl Hernández. Las cuatro juntas componen la propuesta de teatro de acción social que participa en el evento Inspire your life.



sábado, 17 de diciembre de 2016

miércoles, 7 de diciembre de 2016

A DOS METROS

Con motivo de su estreno hace unos días en Atenas dentro del I Festival de Teatro Español y la representación hoy mismo en la estación de metro de la ciudad, Plaza Sintagma, os dejo la pieza breve "A dos metros" que con tanta fuerza han puesto en escena Valeria y George bajo la dirección de Styl Rodarelis.

A DOS METROS
A un lado de la escena una mujer joven que yace muerta en el suelo. Podemos distinguir una herida en su sien por la que ha brotado la sangre que mancha el suelo. En el otro lado de la escena, apenas a dos metros, se encuentra un hombre joven sentado en una silla y que constantemente hunde su rostro entre sus manos, presa de la conmoción y los nervios.

ÉL- ¿Qué? ¿Yo? ¿Por qué? No, no. Yo no. ¿O sí? No. Lo sé, pero… Sí, tú sí. ¡No! O tal vez… Pero yo no… Tú sí, no sigas balbuceando sin sentido: Tú sí. Tú sí. ¡Tú! ¿Y ahora qué? No se puede retroceder en el tiempo. ¿Se puede? No, tú no. Ya no. No hay cuenta de tres que haga que vuelvas atrás, como no hay cuenta de tres que lo borre todo. No, ya no hay cuenta ninguna. Ahora sólo puedes colgarte el cartel de la vergüenza. Eso es lo que toca, colgarse el cartel de vergüenza. ¿Vergüenza? ¿Yo? ¿Por qué? Ya no hay cuenta de tres para volver al pasado, ya no la hay… No hay cuenta ninguna que valga… Sigues balbuceando sin sentido y el charco de sangre se está haciendo más grande. Seguro. Más grande. Ya no hay cuenta de tres que lo borre todo. Ni el silencio, ni el charco, ni el cuerpo tendido en el suelo. No, ya no. ¿Yo? ¿Por qué? No, yo no. ¿O sí? Sí, tú sí. Ahora no sólo balbuceas sin sentido, también te repites como si fueses el eco que rebota contra las paredes. ¿Rebota? No, no rebota. El eco libera las palabras y deja que atraviesen las paredes y  se concentren en un alfiler  que se clava  en tu coronilla. En tu conciencia. ¡Aquí! (Se señala) ¡Aquí! ¡Aquí! ¡Aquí como un alfiler! ¡Aquí como una horda de gusanos hambrientos que devoran la carne! ¡Centímetro a centímetro! ¡Palmo a palmo! ¡Engullendo la carne! ¡Mi carne! ¡Tragándola con apetito! ¡Abriéndose paso! ¡Centímetro a centímetro! ¡Palmo a palmo! ¡Deslizándose por dentro de mi columna vertebral! ¡Una horda que devora todo mi sistema nervioso! ¡Clavado! No puedo dar ninguna orden a mi cuerpo. No puedo ejercer ningún control sobre él. No puedo levantarme… Bloqueado. No puedo ni sé cómo despegarme de esta silla. Y mientras… Mientras el charco de sangre se ha hecho más grande. Seguro. Se ha hecho más grande… Apenas a dos metros de mí… ¿Yo? ¿Por qué? No, yo no. ¿O sí…?
            ÉL se hunde entre sus manos al mismo tiempo que ELLA se incorpora.
ELLA- (Sentada en el suelo.) 016, me lo dijeron mil veces. Pero yo soy joven, esas cosas sólo les pasan a las viejas que llevan cuarenta años casadas con el mismo hombre y un día discuten porque ya no se aguantan el mal aliento de viejos ni cuando se levantan por la mañana ni cuando se acuestan por la noche. Eso sólo les pasa a las viejas. A las que ya no las aguantan. (Pausa.) Pero yo… Yo soy joven. A mí no me hace falta el 016. ¿O sí? (Pausa.) Descolgué varias veces. Marqué el cero. Marqué el uno. Y colgué. ¿Dos veces? ¿Tres? Ahora ya no importa. Pero sé que descolgué… y volví a colgar. ¿Miedo? No. ¿O sí? Al principio no… Al principio lo que tenía era una absurda esperanza de que cambiase… Joven, delgaducho, no muy alto, con esa sonrisa contagiosa… ¿Cómo podía ser un monstruo? ¿Cómo podía vivir con un monstruo y no darme cuenta? No, él no lo era… O sí. Sí, él lo ha sido. Ha sido el monstruo que ha golpeado mi cabeza contra la pared una y otra vez hasta que mi sien ha reventado.
ELLA vuelve a yacer tumbada en el suelo. ÉL sale de la madriguera de sus manos.
ÉL- Un golpe contra la pared. Y luego otro. Y otro más. Y de repente… un cuerpo que cae seco contra el suelo. Seco. Sin vida. Perdiendo su nombre y su futuro por un desagüe, por una sien reventada. (Pausa.) ¿Yo? No, yo no. ¿O sí…? (Pausa.) Yo sólo quería ver la televisión, sentado en mi sofá y con los pies en alto. Un poco de relax después de un día de trabajo. Sólo ver la tele en mi salón. No estoy pidiendo tanto. ¿Hasta dónde tengo que subir el volumen? ¿Eh? ¡¿Hasta dónde tengo que subir el volumen?!
            ELLA se incorpora de nuevo. ÉL vuelve a esconderse entre sus manos.
ELLA- El charco de sangre avanza casi en silencio. Muy despacio. Cada centímetro que avanza se va perdiendo en el volumen del televisor. Pronto llegará al silencio, porque este charco crece. Crece. Avanza callado hacia el silencio. Silencio. El que emite mi cuerpo. El que grita mi voz. El que se extiende como un hongo por estas paredes. Crece el silencio. (Pausa.) Nunca hubo silencio cuando empezó todo… tal vez era una señal de que así debía acabar… en silencio.
            ELLA vuelve a yacer tumbada. ÉL descubre su rostro.
ÉL- Te dije que este no era un buen sitio para vivir. Te lo dije. Lo recuerdo muy bien. Aquel día en el ascensor, con las cajas de la mudanza. Te lo dije. No es un buen sitio para vivir. Aquí encoge lo humano y se desarrolla lo grotesco. Te lo dije. Lo recuerdo. Aquel día en el ascensor…
            ELLA se incorpora de nuevo.
ELLA- A veces subía en el ascensor deseando que él no estuviese en casa. Subía decidida. Subía convencida de que mi esperanza absurda era un argumento de niña que cree en la existencia de lobos adiestrados. Subía en el ascensor. Decidida a llamar a ese número. Entraba en casa y me aseguraba de que no estuviese. Descolgaba. Marcaba el cero. Marcaba el uno. Y entonces… mi cuerpo empezaba a temblar. Sin ningún control. Cómo si cayese al vacío. Como un pájaro herido cae dando vueltas sobre sí mismo. Incapaz de remontar el vuelo. Incapaz de controlar sus alas. Consciente de cómo se acerca al suelo. Y de repente una pausa. Siempre una pausa antes de empezar a convertirse en un cuerpo diminuto. Asfixiado. Arrancado. Invisible.  ¡Mudo, sordo y ciego! (Pausa) Un cuerpo perdido entre las sombras del pasillo. Borrado  por el miedo. Castigado contra la pared. (Pausa. Mira la sangre del suelo y luego se mira bajo el vestido)  Mi piel se está volviendo ceniza y ahora los moratones resaltan mucho más, como si fuesen las brasas de una hoguera que se apaga… El charco de sangre crece. ¿Ha llegado ya al silencio? Ni siquiera escucho tus pasos… (Silencio.) No escucho tus pasos… Ya no escucho nada… Está llegando... Ya llega… Mi silencio está llegando…
ELLA vuelve a yacer tumbada. ÉL se levanta de la silla y deambula de un lado a otro, nervioso, en su zona del escenario.
ÉL- ¿Yo? No, yo no. ¿O sí? Sí, tú sí. Tú eres el monstruo… Monstruo… Eso es lo que eres… Un monstruo… (Sigue deambulando de un lado a otro.)
ELLA- (Desde el suelo sin mirarle, sorprendida.) Oigo tus pasos. Los oigo como si estuvieses a dos metros de mí. ¿Lo estás? (Silencio.) Lo último que escucho antes de llegar al silencio son tus pasos. Lo recuerdo. He escuchado tus pasos. A dos metros de mí. Tus pasos… A dos metros… (Silencio.) No tendrás que ocuparte de limpiar la sangre del suelo. Tú no. Lo harán luego. Eso no debe preocuparte y de hecho no lo está haciendo. ¿Por qué caminas así entonces? Tú nunca caminas por la casa. Te quedas en el salón y subes el volumen de la televisión. El volumen. Un volumen tan alto que calla todo lo que te rodea… (Silencio.) ¿Por qué caminas por la casa? ¿Por qué lo haces así? Tus pasos son inseguros, como si no encontrasen una dirección. Avanzas y vuelves por el mismo camino. Andas y desandas. ¿Qué te preocupa? Tú no tendrás que ocuparte de limpiar la sangre del suelo…
ÉL se detiene con la mirada perdida a la altura de su cabeza en la dirección en la que se encuentra ella.
ÉL- Yo soy un monstruo. Un monstruo. También. Lo soy, ¿verdad? Sé que lo piensas, si es que aún puedes pensar donde estés... Soy un monstruo. También. ¿Verdad? Tienes toda mi vida para recordármelo. Tienes toda mi vida para atormentarme…
ELLA- Puedo oírte…
ÉL- (Asustado) ¡Puedo oírte!
ELLA se levanta tranquila y busca a lo largo de la pared invisible que les separa el mejor lugar para encontrar la voz de él. Por su parte. ÉL hace lo mismo pero con actitud temerosa. Silencio.
ELLA- ¿Puedes oírme?
ÉL- (Asustado.) Puedo oírte. (Se refugia tras la silla.) ¿Has venido para atormentarme?
ELLA- ¿Para atormentarte? No, ¿por qué?
ÉL- ¿Pero qué estoy haciendo? ¡Me estoy volviendo loco! ¡Loco! ¡Esto no puede ser! ¡Es imposible que pueda escucharte! ¡Estás muerta! ¡Acabo de ver cómo sacaban tu cadáver! ¡Han pasado a mi lado con tu cuerpo en una camilla! ¡Lo he visto! ¡Lo ha visto todo el mundo en el edificio! ¡Y los de el edificio de enfrente también! ¡Toda la calle! ¡Muerta! ¡Estás muerta! Cargada en una ambulancia que ya no tiene ninguna prisa. ¡Muerta! ¡Muerta! (Deambula de un lado a otro nervioso.) No se puede escuchar lo que no existe. No se puede escuchar lo que ya no está. ¡Loco! ¡Me estoy volviendo loco!
ELLA- Si lo piensas… Siempre nos hemos escuchado, ¿no?
            Silencio. ÉL se detiene. Pausa. ÉL se sienta en la silla abatido.
ÉL- Has venido a atormentarme, ¿verdad? A hacerme pagar por mí silencio. Lo merezco, supongo. Soy un monstruo. Puedes empezar… castígame si es lo que quieres.
ELLA- No eres un monstruo…
ÉL- Sí, sí que lo soy.
ELLA- El monstruo de esta historia ha desaparecido, tú sólo has sido…
ÉL- Sé muy bien lo que he sido.
ELLA- Este lugar encoge lo humano y desarrolla lo grotesco. ¿Lo recuerdas? Me lo dijiste aquel día en el ascensor, aquel en el que llevaba cajas de mudanza. En cierta forma me estabas avisando.
ÉL- No sigas.
ELLA- ¿Qué?
ÉL- No seas complaciente conmigo… Acaba ya. No lo aplaces más. Castígame, lo merezco.
ELLA- Pero no quiero castigarte…
ÉL- ¡¿Entonces qué quieres?!
ELLA- ¿Qué quiero?
ÉL- ¡Sí! ¿Qué quieres de mí?
            Silencio.
ELLA- Por ellas…
ÉL- ¿Qué?
ELLA- Quiero que actúes por ellas.
ÉL- ¿Por quién?
ELLA- Por las próximas mujeres que ocupen esta casa. Por las próximas vecinas que tengas. Las que estén a dos metros de ti, al otro lado de esta pared de pladur que nos separa físicamente pero que deja pasar todo el ruido de las miserias…
ÉL- (Silencio.)
ELLA- Quiero que cuando escuches los gritos punzantes, golpes secos, los objetos que estallan contra el suelo y las lágrimas que rompen la voz… Cuando escuches los pómulos empotrados contra la pared, la sangre que se desliza por la nariz, los moratones que florecen bajo la ropa, las mujeres que se parten abrazadas a la nada… Cuando escuches todo eso, cuando las escuches… Desde tu lado de la pared…  No subas el volumen… Piensa que tal vez ellas se han convertido en estatuas, en piedra incapaz de avanzar, en una mueca de miedo que define sus cuerpos… No esperes a que actúen. No esperes a que decidan descolgar el teléfono y marcar. Hazlo tú. Descuelga y marca. Marca el cero. Marca el uno. Y marca el seis que yo nunca marqué…
            Breve silencio.
ELLA- ¿Lo harás? Sólo te pido eso. No las dejes convertirse en silencio… En un silencio que yace en el suelo a dos metros de ti. (Pausa.) ¿Lo harás?
ÉL- (Dubitativo.) Yo… Todo esto no es real. No puede serlo. Yo… No sé qué hago hablándole a una pared de pladur. Me estoy volviendo loco… Esto me supera… Necesito un trago. (Se levanta de la silla  y camina para salirse de escena.)
ELLA- Dime que lo harás. ¡Por favor! ¡Dímelo! ¡Sólo te estoy pidiendo eso! ¡Dímelo! ¡Por ellas!
ÉL se detiene. Da media vuelta y se acerca hasta la pared. Sus ojos buscan incrédulos por la superficie de la pared pero su mirada no se cruza con la de ELLA. Silencio previo.
ÉL- Lo haré.

            Abrupto oscuro final.