martes, 16 de mayo de 2017

Presentación de Espinas

El próximo jueves 25 de mayo, presento "Espinas (Teatro breve para jóvenes despiertos)" en la librería Carmen. El libro incluye once piezas breves de teatro para jóvenes y tres más para una edad "de transición". Estáis invitados.


sábado, 25 de marzo de 2017

BILLETES Y GUSANOS

Os presento el cartel de la tercera remesa del proyecto Leeeneltrén, en el que he participado con un breve texto teatral y que ha sido ilustrado por Loida Cano. Lo encontraréis en todos los trenes del tranvía de Parla durante unos cuantos meses.

jueves, 2 de febrero de 2017

EL TAMAÑO NO IMPORTA VII

Ya está disponible el volumen VII de EL TAMAÑO NO IMPORTA; teatro breve dirigido a jóvenes. En esta ocasión he participado con mi texto "Ese sonido", enmarcado en la realidad del bullying escolar entre los adolescentes.
Puede encontrarse en librerías especializadas o a través de la Asociación de Autores de Teatro.


domingo, 22 de enero de 2017

Extremófilos (fragmento)


ESCENA III.
VÓRTICE ESPACIAL SOBRE LA CAMA.

Desnudos y agotados sobre la cama de ella. Las cabezas junto a los pies del otro.

ELLA- Tengo sed. Siempre tengo sed después de hacerlo. Me gustaría poder levantarme y traer una botella de agua, pero siempre me enredo con tu cuerpo y me quedo un poco más. Me gusta sentirte. Me gusta hablarle a tus pies como si fuesen tus oídos. He perdido la noción del tiempo. No sé cuánto tiempo llevamos aquí. (Pausa.) Los Xerófilos pueden vivir con muy poca agua o incluso en ausencia de ella. Creo que podría estar aquí durante un tiempo infinito y no beber. Creo que podría convertirme en una xerófila que no quiere levantarse a beber por no despegarse de ti.

            Cambian la posición y se ponen al contrario.


ÉL- (Visiblemente cansado) Tengo hambre. Siempre tengo hambre después de hacerlo. Pienso en levantarme y traer algo de comer, pero entonces veo tu cuerpo desnudo y me quedo. Me gusta mirarte sin que me mires directamente a los ojos. (Pausa.) Los Oligotróficos pueden vivir y desarrollarse con muy pocos nutrientes o en ausencia de ellos. Curioso, ¿no? He perdido la noción del tiempo. No sé calcular cuánto llevamos aquí. Pierdo la noción del tiempo pero no pierdo el hambre. Aunque ya no es hambre de alimentos sino gula de tu cuerpo. Podría estar aquí y devorarte una y otra vez. Podría convertirme en un oligotrófico que no necesita una nevera llena, sólo una cama contigo.

Puedes leer la obra completa en el siguiente enlace. Premios culturales 2015. Página 240 y siguientes. http://www.ull.es/Private/folder/institucional/ull/extension/premios/libroliterario.pdf

martes, 3 de enero de 2017

De nuevo en Atenas

El próximo sábado se representarán, de nuevo en Atenas, dos de mis obras: "A fos metros" y "Todas se llaman Mónica" (Premio Villa de Hecho 2016). También se representarán "La niña tumbada" de Antonia Bueno y "La persistencia de la imagen" de Raúl Hernández. Las cuatro juntas componen la propuesta de teatro de acción social que participa en el evento Inspire your life.



sábado, 17 de diciembre de 2016

miércoles, 7 de diciembre de 2016

A DOS METROS

Con motivo de su estreno hace unos días en Atenas dentro del I Festival de Teatro Español y la representación hoy mismo en la estación de metro de la ciudad, Plaza Sintagma, os dejo la pieza breve "A dos metros" que con tanta fuerza han puesto en escena Valeria y George bajo la dirección de Styl Rodarelis.

A DOS METROS
A un lado de la escena una mujer joven que yace muerta en el suelo. Podemos distinguir una herida en su sien por la que ha brotado la sangre que mancha el suelo. En el otro lado de la escena, apenas a dos metros, se encuentra un hombre joven sentado en una silla y que constantemente hunde su rostro entre sus manos, presa de la conmoción y los nervios.

ÉL- ¿Qué? ¿Yo? ¿Por qué? No, no. Yo no. ¿O sí? No. Lo sé, pero… Sí, tú sí. ¡No! O tal vez… Pero yo no… Tú sí, no sigas balbuceando sin sentido: Tú sí. Tú sí. ¡Tú! ¿Y ahora qué? No se puede retroceder en el tiempo. ¿Se puede? No, tú no. Ya no. No hay cuenta de tres que haga que vuelvas atrás, como no hay cuenta de tres que lo borre todo. No, ya no hay cuenta ninguna. Ahora sólo puedes colgarte el cartel de la vergüenza. Eso es lo que toca, colgarse el cartel de vergüenza. ¿Vergüenza? ¿Yo? ¿Por qué? Ya no hay cuenta de tres para volver al pasado, ya no la hay… No hay cuenta ninguna que valga… Sigues balbuceando sin sentido y el charco de sangre se está haciendo más grande. Seguro. Más grande. Ya no hay cuenta de tres que lo borre todo. Ni el silencio, ni el charco, ni el cuerpo tendido en el suelo. No, ya no. ¿Yo? ¿Por qué? No, yo no. ¿O sí? Sí, tú sí. Ahora no sólo balbuceas sin sentido, también te repites como si fueses el eco que rebota contra las paredes. ¿Rebota? No, no rebota. El eco libera las palabras y deja que atraviesen las paredes y  se concentren en un alfiler  que se clava  en tu coronilla. En tu conciencia. ¡Aquí! (Se señala) ¡Aquí! ¡Aquí! ¡Aquí como un alfiler! ¡Aquí como una horda de gusanos hambrientos que devoran la carne! ¡Centímetro a centímetro! ¡Palmo a palmo! ¡Engullendo la carne! ¡Mi carne! ¡Tragándola con apetito! ¡Abriéndose paso! ¡Centímetro a centímetro! ¡Palmo a palmo! ¡Deslizándose por dentro de mi columna vertebral! ¡Una horda que devora todo mi sistema nervioso! ¡Clavado! No puedo dar ninguna orden a mi cuerpo. No puedo ejercer ningún control sobre él. No puedo levantarme… Bloqueado. No puedo ni sé cómo despegarme de esta silla. Y mientras… Mientras el charco de sangre se ha hecho más grande. Seguro. Se ha hecho más grande… Apenas a dos metros de mí… ¿Yo? ¿Por qué? No, yo no. ¿O sí…?
            ÉL se hunde entre sus manos al mismo tiempo que ELLA se incorpora.
ELLA- (Sentada en el suelo.) 016, me lo dijeron mil veces. Pero yo soy joven, esas cosas sólo les pasan a las viejas que llevan cuarenta años casadas con el mismo hombre y un día discuten porque ya no se aguantan el mal aliento de viejos ni cuando se levantan por la mañana ni cuando se acuestan por la noche. Eso sólo les pasa a las viejas. A las que ya no las aguantan. (Pausa.) Pero yo… Yo soy joven. A mí no me hace falta el 016. ¿O sí? (Pausa.) Descolgué varias veces. Marqué el cero. Marqué el uno. Y colgué. ¿Dos veces? ¿Tres? Ahora ya no importa. Pero sé que descolgué… y volví a colgar. ¿Miedo? No. ¿O sí? Al principio no… Al principio lo que tenía era una absurda esperanza de que cambiase… Joven, delgaducho, no muy alto, con esa sonrisa contagiosa… ¿Cómo podía ser un monstruo? ¿Cómo podía vivir con un monstruo y no darme cuenta? No, él no lo era… O sí. Sí, él lo ha sido. Ha sido el monstruo que ha golpeado mi cabeza contra la pared una y otra vez hasta que mi sien ha reventado.
ELLA vuelve a yacer tumbada en el suelo. ÉL sale de la madriguera de sus manos.
ÉL- Un golpe contra la pared. Y luego otro. Y otro más. Y de repente… un cuerpo que cae seco contra el suelo. Seco. Sin vida. Perdiendo su nombre y su futuro por un desagüe, por una sien reventada. (Pausa.) ¿Yo? No, yo no. ¿O sí…? (Pausa.) Yo sólo quería ver la televisión, sentado en mi sofá y con los pies en alto. Un poco de relax después de un día de trabajo. Sólo ver la tele en mi salón. No estoy pidiendo tanto. ¿Hasta dónde tengo que subir el volumen? ¿Eh? ¡¿Hasta dónde tengo que subir el volumen?!
            ELLA se incorpora de nuevo. ÉL vuelve a esconderse entre sus manos.
ELLA- El charco de sangre avanza casi en silencio. Muy despacio. Cada centímetro que avanza se va perdiendo en el volumen del televisor. Pronto llegará al silencio, porque este charco crece. Crece. Avanza callado hacia el silencio. Silencio. El que emite mi cuerpo. El que grita mi voz. El que se extiende como un hongo por estas paredes. Crece el silencio. (Pausa.) Nunca hubo silencio cuando empezó todo… tal vez era una señal de que así debía acabar… en silencio.
            ELLA vuelve a yacer tumbada. ÉL descubre su rostro.
ÉL- Te dije que este no era un buen sitio para vivir. Te lo dije. Lo recuerdo muy bien. Aquel día en el ascensor, con las cajas de la mudanza. Te lo dije. No es un buen sitio para vivir. Aquí encoge lo humano y se desarrolla lo grotesco. Te lo dije. Lo recuerdo. Aquel día en el ascensor…
            ELLA se incorpora de nuevo.
ELLA- A veces subía en el ascensor deseando que él no estuviese en casa. Subía decidida. Subía convencida de que mi esperanza absurda era un argumento de niña que cree en la existencia de lobos adiestrados. Subía en el ascensor. Decidida a llamar a ese número. Entraba en casa y me aseguraba de que no estuviese. Descolgaba. Marcaba el cero. Marcaba el uno. Y entonces… mi cuerpo empezaba a temblar. Sin ningún control. Cómo si cayese al vacío. Como un pájaro herido cae dando vueltas sobre sí mismo. Incapaz de remontar el vuelo. Incapaz de controlar sus alas. Consciente de cómo se acerca al suelo. Y de repente una pausa. Siempre una pausa antes de empezar a convertirse en un cuerpo diminuto. Asfixiado. Arrancado. Invisible.  ¡Mudo, sordo y ciego! (Pausa) Un cuerpo perdido entre las sombras del pasillo. Borrado  por el miedo. Castigado contra la pared. (Pausa. Mira la sangre del suelo y luego se mira bajo el vestido)  Mi piel se está volviendo ceniza y ahora los moratones resaltan mucho más, como si fuesen las brasas de una hoguera que se apaga… El charco de sangre crece. ¿Ha llegado ya al silencio? Ni siquiera escucho tus pasos… (Silencio.) No escucho tus pasos… Ya no escucho nada… Está llegando... Ya llega… Mi silencio está llegando…
ELLA vuelve a yacer tumbada. ÉL se levanta de la silla y deambula de un lado a otro, nervioso, en su zona del escenario.
ÉL- ¿Yo? No, yo no. ¿O sí? Sí, tú sí. Tú eres el monstruo… Monstruo… Eso es lo que eres… Un monstruo… (Sigue deambulando de un lado a otro.)
ELLA- (Desde el suelo sin mirarle, sorprendida.) Oigo tus pasos. Los oigo como si estuvieses a dos metros de mí. ¿Lo estás? (Silencio.) Lo último que escucho antes de llegar al silencio son tus pasos. Lo recuerdo. He escuchado tus pasos. A dos metros de mí. Tus pasos… A dos metros… (Silencio.) No tendrás que ocuparte de limpiar la sangre del suelo. Tú no. Lo harán luego. Eso no debe preocuparte y de hecho no lo está haciendo. ¿Por qué caminas así entonces? Tú nunca caminas por la casa. Te quedas en el salón y subes el volumen de la televisión. El volumen. Un volumen tan alto que calla todo lo que te rodea… (Silencio.) ¿Por qué caminas por la casa? ¿Por qué lo haces así? Tus pasos son inseguros, como si no encontrasen una dirección. Avanzas y vuelves por el mismo camino. Andas y desandas. ¿Qué te preocupa? Tú no tendrás que ocuparte de limpiar la sangre del suelo…
ÉL se detiene con la mirada perdida a la altura de su cabeza en la dirección en la que se encuentra ella.
ÉL- Yo soy un monstruo. Un monstruo. También. Lo soy, ¿verdad? Sé que lo piensas, si es que aún puedes pensar donde estés... Soy un monstruo. También. ¿Verdad? Tienes toda mi vida para recordármelo. Tienes toda mi vida para atormentarme…
ELLA- Puedo oírte…
ÉL- (Asustado) ¡Puedo oírte!
ELLA se levanta tranquila y busca a lo largo de la pared invisible que les separa el mejor lugar para encontrar la voz de él. Por su parte. ÉL hace lo mismo pero con actitud temerosa. Silencio.
ELLA- ¿Puedes oírme?
ÉL- (Asustado.) Puedo oírte. (Se refugia tras la silla.) ¿Has venido para atormentarme?
ELLA- ¿Para atormentarte? No, ¿por qué?
ÉL- ¿Pero qué estoy haciendo? ¡Me estoy volviendo loco! ¡Loco! ¡Esto no puede ser! ¡Es imposible que pueda escucharte! ¡Estás muerta! ¡Acabo de ver cómo sacaban tu cadáver! ¡Han pasado a mi lado con tu cuerpo en una camilla! ¡Lo he visto! ¡Lo ha visto todo el mundo en el edificio! ¡Y los de el edificio de enfrente también! ¡Toda la calle! ¡Muerta! ¡Estás muerta! Cargada en una ambulancia que ya no tiene ninguna prisa. ¡Muerta! ¡Muerta! (Deambula de un lado a otro nervioso.) No se puede escuchar lo que no existe. No se puede escuchar lo que ya no está. ¡Loco! ¡Me estoy volviendo loco!
ELLA- Si lo piensas… Siempre nos hemos escuchado, ¿no?
            Silencio. ÉL se detiene. Pausa. ÉL se sienta en la silla abatido.
ÉL- Has venido a atormentarme, ¿verdad? A hacerme pagar por mí silencio. Lo merezco, supongo. Soy un monstruo. Puedes empezar… castígame si es lo que quieres.
ELLA- No eres un monstruo…
ÉL- Sí, sí que lo soy.
ELLA- El monstruo de esta historia ha desaparecido, tú sólo has sido…
ÉL- Sé muy bien lo que he sido.
ELLA- Este lugar encoge lo humano y desarrolla lo grotesco. ¿Lo recuerdas? Me lo dijiste aquel día en el ascensor, aquel en el que llevaba cajas de mudanza. En cierta forma me estabas avisando.
ÉL- No sigas.
ELLA- ¿Qué?
ÉL- No seas complaciente conmigo… Acaba ya. No lo aplaces más. Castígame, lo merezco.
ELLA- Pero no quiero castigarte…
ÉL- ¡¿Entonces qué quieres?!
ELLA- ¿Qué quiero?
ÉL- ¡Sí! ¿Qué quieres de mí?
            Silencio.
ELLA- Por ellas…
ÉL- ¿Qué?
ELLA- Quiero que actúes por ellas.
ÉL- ¿Por quién?
ELLA- Por las próximas mujeres que ocupen esta casa. Por las próximas vecinas que tengas. Las que estén a dos metros de ti, al otro lado de esta pared de pladur que nos separa físicamente pero que deja pasar todo el ruido de las miserias…
ÉL- (Silencio.)
ELLA- Quiero que cuando escuches los gritos punzantes, golpes secos, los objetos que estallan contra el suelo y las lágrimas que rompen la voz… Cuando escuches los pómulos empotrados contra la pared, la sangre que se desliza por la nariz, los moratones que florecen bajo la ropa, las mujeres que se parten abrazadas a la nada… Cuando escuches todo eso, cuando las escuches… Desde tu lado de la pared…  No subas el volumen… Piensa que tal vez ellas se han convertido en estatuas, en piedra incapaz de avanzar, en una mueca de miedo que define sus cuerpos… No esperes a que actúen. No esperes a que decidan descolgar el teléfono y marcar. Hazlo tú. Descuelga y marca. Marca el cero. Marca el uno. Y marca el seis que yo nunca marqué…
            Breve silencio.
ELLA- ¿Lo harás? Sólo te pido eso. No las dejes convertirse en silencio… En un silencio que yace en el suelo a dos metros de ti. (Pausa.) ¿Lo harás?
ÉL- (Dubitativo.) Yo… Todo esto no es real. No puede serlo. Yo… No sé qué hago hablándole a una pared de pladur. Me estoy volviendo loco… Esto me supera… Necesito un trago. (Se levanta de la silla  y camina para salirse de escena.)
ELLA- Dime que lo harás. ¡Por favor! ¡Dímelo! ¡Sólo te estoy pidiendo eso! ¡Dímelo! ¡Por ellas!
ÉL se detiene. Da media vuelta y se acerca hasta la pared. Sus ojos buscan incrédulos por la superficie de la pared pero su mirada no se cruza con la de ELLA. Silencio previo.
ÉL- Lo haré.

            Abrupto oscuro final.


martes, 29 de noviembre de 2016

Y...

Y te regalan un libro para darte las gracias. 
Y quienes te lo regalan son personas autistas. 
Y uno siente cómo pierde el control sobre sus emociones... 
Gracias Rodrigo, Sergio y Jose Antonio (PAUTA. Psicopedagogía del autismo y trastornos asociados)


sábado, 26 de noviembre de 2016

Festival de Teatro Español en Atenas.

La semana que viene tres de mis obras estarán en el Festival de Teatro Español en Atenas. "La camisa de Lorca", "A dos metros" y "Todas se llaman Mónica". Dirigidas por Styl Rodarelis y con la interpretación de Eva Agrafioti. Además se leerá un fragmento de "El filo de las mariposas" (editado por Ediciones Invasoras) y se presentará un volumen con las obras traducidas a griego de todos los autores y autoras que participan. Qué más se puede pedir? Asistir. Pero eso, desgraciadamente, queda fuera de mi alcance... Me quedo con la celebración de las palabras que viajan.



domingo, 6 de noviembre de 2016

El tamaño no importa (Volumen VI)

Ya está disponible el sexto volumen de esta colección de teatro breve juvenil editada por la Asociación de Autores de Teatro; donde podéis encontrar mi pieza "Pequeña mancha roja sobre fondo ocre".